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Se han perdido más de 1.8 millones de quintales de maíz y frijol en varias zonas del país. La mayoría de la siembra es de subsistencia, por lo que miles de hogares no tendrán alimento.
Las lluvias provocadas por la Tormenta Tropical Sara aún no cesan y los agricultores en todo el país ya reportan cuantiosas pérdidas que, una vez más, los han dejado vulnerables ante la inseguridad alimentaria.
Las primeras estimaciones de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) indican que las lluvias han dañado 33,152 manzanas de maíz (11.2% del total sembrado) y al menos 28,371 manzanas de frijol (16.3% de lo sembrado). En total, son 61,523 manzanas dañadas por las constantes lluvias.
Según Luis Treminio, presidente de la CAMPO, las pérdidas han sido reportadas en todo el país, pero las zonas más afectadas han sido Usulután y La Libertad. “Lo que más se ha dañado es el frijol porque es el que se sembró en agosto”, detalló.
Las estimaciones indican que los agricultores han perdido 1.8 millones de quintales de granos básicos que representan una inversión de $65.2 millones; la mayoría de ellos, con siembras de subsistencia.
“Aquí hemos perdido como $2,000. En estos días los muchachos todavía le echaron veneno para que no tuviera gusano. ¿Cuánto no se gasta? Solo un bote de veneno vale $20. Yo gastando todavía porque ya estaba todo bonito, cosechado”, dijo María López, una mujer del Cantón las Trincheras, entre Caluco y San Julián, en Sonsonate.
Solo ella ha perdido 2 manzanas de frijolares, que ya estaban listos para ser vendidos.
Ahora está preocupada porque también ha sembrado maíz y este ya se vio amenazado por las lluvias, que no han disminuido. “Si sigue lloviendo, también voy a perder el maíz”, dijo.
Estas pérdidas afectan aún más las proyecciones de producción de granos básicos que se tenía para este año, pues se esperaban 12.9 millones de quintales en maíz y 1.6 millones en frijol.
Ahora, con el impacto de las lluvias de Sara, las cifras volverán a modificarse a la baja, en momentos en que ya se tenía prevista una producción deficitaria.
“Esto va a venir a fregar más”, dijo el representante de la CAMPO, una asociación que ha reiterado los graves problemas que enfrenta el sector y los pocos incentivos que tiene por parte del Estado.
Según cifras de la CAMPO, más de 61,000 familias dependen de estas cosechas principalmente para el alimento en su hogar, y luego para comercializarlo.
Emerson Torres , un agricultor de la zona del cantón Tepeagua, en La Libertad Costa, aseguró que ha tenido pérdidas de frijol valoradas en aproximadamente $400 por las recientes lluvias.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería les ha ofrecido un bono de $300 a los agricultores afectados.
Más de 200 técnicos se han desplazado para hacer la verificación de los daños y tomar datos para entregar el bono a través de la tarjeta agrícola, que pueden usar para la compra de insumos en ciertos agroservicios.
Importación
Ante fenómenos como este, Treminio lamenta que el Gobierno solo considere la importación como única alternativa para garantizar la seguridad alimentaria.
Para él, más bien, el Gobierno debería estar trabajando en una política de rescate del agro y apoyar la producción local, sobretodo ahora que está promoviendo los agromercados para bajar el precio.
Sin embargo, Treminio dijo que él y representantes de su gremial se reunieron hace 10 días con el viceministro de Agricultira, Óscar Domínguez, para convertirse en proveedores de los agromercados, pero desde esa fecha para acá, no ha habido ninguna respuesta.
Álvaro Portillo, integrante de la cooperativa Las Tablas, en Chalchuapa, Santa Ana, agregó que si bien un bono de $300 ayuda a agricultores, lo que realmente impactaría en la agricultura sería un subsidio del 50% de la producción, lo que incentivaría a la siembra y garantizaría un mejor precio tanto para el que siembra como para los consumidores finales.
El representante de la CAMPO también señaló que la entrega de 50,000 paquetes de alimentos que entregará el Gobierno podrían ser insuficientes para las familias que viven de la siembra de granos básicos. “Hay más de 60,000 familias que dependen de esta siembra”, afirmó.
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