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Monopoly, el juego de mesa que nació como crítica al capitalismo y terminó siendo un símbolo de él

La primera versión del juego promovía un modelo antimonopólico y cooperativo, cuyo objetivo no era aplastar a los rivales, sino asegurar que quien comenzara con menos recursos lograra duplicar su capital. Sin embargo, tras varios cambios, Monopoly se convirtió en el mejor ejemplo de cómo el capitalismo puede convertir hasta su peor crítica en un negocio redondo.

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Cuando pensamos en juegos de mesa, Monopoly es, sin duda, uno de los primeros que se nos viene a la mente. Un juego que tiene el poder de transformar una tranquila noche de juegos en una guerra sin cuartel. Su mecánica es simple, pero despiadada: cada jugador recibe un puñado de billetes y, con un golpe de dados, comienza su camino hacia la gloria… o la ruina. Comprar propiedades, subir alquileres, construir hoteles y exprimir a los rivales hasta llevarlos a la bancarrota es la única forma de sobrevivir. El último en pie se queda con todo ¿Suena despiadado? Bueno, así funciona el capitalismo... y también la clave para ganar en este juego que, irónicamente, no nació para celebrarlo, sino para advertir sobre sus peligros.

Los orígenes: un tablero contra el poder

La historia oficial dice que Monopoly fue creado por Charles Darrow, un ingeniero desempleado tras la Gran Depresión de 1929. Sin embargo, la historia real comienza mucho antes. La verdadera autora fue Elizabeth Magie Phillips, una inventora y activista por los derechos de las mujeres, quien en 1902 diseñó The Landlord’s Game (en español, El juego del terrateniente). Su objetivo era claro: demostrar los efectos de la especulación y los monopolios en la economía y la sociedad.

Elizabeth era una fiel seguidora de Henry George, el economista que defendía el geoísmo, una teoría que sostenía que la tierra y los recursos naturales son bienes comunes de toda la humanidad y, por lo tanto, su valor debería beneficiar a todos, en lugar de ser acaparado por unos pocos. George proponía un sistema de impuesto único sobre la renta de la tierra, con el objetivo de que esos ingresos fueran destinados a la población, una idea que hoy se considera un antecedente de “la renta básica universal”. 

Inspirada por estas ideas y con el propósito de generar conciencia, Elizabeth creó el juego para demostrar cómo la especulación y el acaparamiento de tierras llevaban a la pobreza. Diseñó dos conjuntos de reglas: una versión de “prosperidad”, donde todos los jugadores compartían la riqueza de manera equitativa, y otra “monopolista”, en la que un solo jugador acumulaba fortuna mientras los demás caían en la ruina. Eran los propios participantes quienes elegían con qué modelo jugar.

The Landlord's Game, creado por Elizabeth y patentado en 1904.

De esta manera, el primer reglamento promovía un modelo antimonopólico y cooperativo: cada vez que un jugador compraba una propiedad, todos los demás recibían una parte de la riqueza generada. El objetivo no era aplastar a los rivales, sino asegurar que quien comenzara con menos recursos lograra duplicar su capital, momento en el que el juego terminaba con una victoria colectiva.

La segunda versión, en cambio, era un despiadado reflejo del capitalismo más feroz. Aquí, la clave era acaparar tantas propiedades como fuera posible y exprimir a los demás jugadores, que al caer en las casillas ajenas debían pagar tarifas cada vez más altas. La quiebra acechaba a los menos afortunados y, como si fuera poco, quienes no podían saldar sus deudas podían terminar en prisión.

The Landlord’s Game, creado Elizabeth Magie llegó a diferentes ciudades con reglas adaptadas.

Elizabeth patentó su juego en 1904 y lo difundió entre grupos progresistas y académicos. Durante los siguientes 30 años, el juego fue modificado por varios entusiastas y llegó a diferentes ciudades con reglas adaptadas, convirtiéndose en un fenómeno popular antes de ser comercializado oficialmente.

El cambio de manos: Charles Darrow y Parker Brothers

En la década de 1930, Charles Darrow, un ingeniero desempleado debido a la Gran Depresión, descubrió una versión casera del juego The Landlord’s Game que conocía desde hacía unos años.

Viendo su potencial comercial, Darrow rediseñó el tablero, cambió algunos nombres de las propiedades, las calles, y sumó billetes de papel con distintos valores y colores. También agregó la mecánica de hipotecas, permitiendo a los jugadores endeudarse para seguir en la partida, y cartas de eventos aleatorios que podían beneficiar o perjudicar a los jugadores. Lo renombró Monopoly y eliminó por completo la versión equitativa, dejando solo la versión competitiva donde un jugador debía enriquecerse mientras los demás caían en bancarrota. Con estos cambios, Darrow transformó The Landlord’s Game en un producto más comercial y fácil de jugar, alejándolo de su intención educativa original.

Charles Brace Darrow se volvió millonario con su versión de Monopoly, una versión casera del juego basada en The Landlord’s Game, creado años antes por Elizabeth Phillips.

En 1935, Charles Darrow patentó su versión del juego y la presentó a Parker Brothers, pero la empresa lo rechazó por considerarlo demasiado complejo. Sin desanimarse, Darrow confió en el potencial de su creación y comenzó a fabricarlo y venderlo por su cuenta. Contra todo pronóstico, el juego fue un éxito instantáneo. Viendo la demanda creciente, Parker Brothers reconsideró su decisión y, ese mismo año, adquirió los derechos.

Sin embargo, había un problema: la idea original no era de Darrow. Para evitar cualquier disputa legal, Parker Brothers compró también la patente de The Landlord’s Game a Elizabeth por la irrisoria suma de 500 dólares. A diferencia de Darrow, cuyo contrato incluía el pago de regalías y le permitió obtener una parte de cada venta, Elizabeth no recibió ni reconocimiento ni participación en las ganancias millonarias que el juego generó. Mientras Darrow se convertía en un hombre rico, Elizabeth, la verdadera creadora de la idea, quedó relegada a la sombra con una compensación simbólica y sin el crédito que merecía.

En el juego avanzas por el tablero según lo que marquen los dados. A lo largo del camino, puedes comprar calles, estaciones de tren y servicios públicos. Cuantas más propiedades tengas, más dinero podrán dejarte tus rivales al caer en tus casillas.

Con una estrategia hábil de marketing, Parker Brothers convirtió al Monopoly en un fenómeno mundial. La idea de que cualquiera puede volverse rico con inteligencia y estrategia encajó perfectamente en una sociedad obsesionada con el éxito.

En 1991, Monopoly pasó a manos de Hasbro, Inc., una de las mayores compañías de juguetes y juegos de mesa del mundo. Desde entonces, la empresa lanzó incontables versiones temáticas, ediciones especiales y adaptaciones digitales, reforzando su estatus como uno de los juegos de mesa más icónicos de la historia. Según el Libro Guinness de los Récords, es el juego de mesa más vendido del mundo, con más de 200 millones de copias comercializadas.

Así, lo que nació como una advertencia sobre los peligros de los monopolios terminó aplaudiendo la acumulación de riquezas. Irónicamente, Monopoly es el mejor ejemplo de cómo el capitalismo puede convertir hasta su peor crítica en un negocio redondo.

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